jueves, 19 de noviembre de 2009

La polilla brillante, espeluznante*

(*Si bien no tiene nada que ver con la temática que usualmente tiene el blog, hace rato tenía la idea de postear algunos viejos cuentos para sacarme las ganas de lo que no sabía como hacer hace unos años cuándo no conocía los blogs, es decir, publicar cuentos bien "amateurs" que solía escribir. Este es un cuento de ciencia ficción que escribí, fácil, hace 6 o 7 años y realmente cuándo lo releí me di cuenta de que la redacción era pésima, así que tuve que modificarlo bastante).


La polilla metálica, brillante, volaba por sobre las cabezas de los androides que vivían en la casa de la manzana KR, ángulo 345°, en el noroeste de la provincia de Catamarca en lo que alguna vez se conoció como Antofagasta de la Sierra. Un calor de mil demonios hervía las moléculas del aire, el termómetro marcaba sesenta y tres grados centígrados y los androides se rascaban y se despegaban las húmedas remeras del pecho.

Pero la polilla estaba ahí, para molestar aún mas.

Es que a ellos les había tocado ahora, lamentablemente la polilla les había tocado a ellos.

Molesto, uno de ellos -el mayor, un hombre modelo G32-W- se levantó con objeto de acabar con ella, tomó entre sus manos la paleta automática y apuntó hacia el insecto, pero éste evitó los impactos sonoros y hasta voló victorioso, haciendo piruetas sobre su cabeza. Ante la burla poco simpática de la polilla, un segundo androide, el hermafrodita llamado Luz, de color verde y ojos grandes y amarillos, golpeó la mesa con furia y alzo un gruñido al cielo. Era un viejo modelo G21-W, de aquellos que ya no se construían hacía décadas, tanto que si quedaban veinte o treinta ejemplares en el mundo, era pura coincidencia.
Se dirigió súbitamente y de mala manera hacia el primer androide.
-Juan I, acabá con ese puto insecto antes de que me canse.
-¿Que pensás que intento? ¿Justo a nosotros nos tenia que tocar?
Entonces, en vista de que el insecto podría causar un conflicto absurdo, intervino el último androide de la casa, otro hermafrodita modelo H02-Z, un moderno espécimen clonado no hacia mas de un mes que había sido enviado a la zona para tareas de detección y exterminación de animales salvajes.
Tenia un gorro andrajoso de felpa color marrón y fumaba una pipa de platino. Mientras, se inyectaba algo de metanol medicinal, ya que poseía el mal de Munch (que atacaba a la piel y los circuitos internos). Se incorporó de un sacudón y tiró un manotazo al aire. Logro golpear a la polilla, pero a pesar de ello, esta salió ilesa y volvió a festejar su triunfo, ahora emitiendo un chillido, “bzzzzz”, como hacían las viejas cámaras de fotos para rebobinar o los grabadores.

El problema era que la polilla se había instalado allí, y seguiría allí por los próximos diez años si no hacían algo para evitarlo. Tomaron la decisión de probar el veneno ácido, que usaban para exterminar a los insectos que aun existían.
Los insectos tal y como habían sido miles y miles de años atrás seguían reproduciéndose y las especies no habían sufrido ninguna alteración. Los seres humanos técnicamente habían desaparecido y de las especies animales, las que quedaban habían mutado lo suficiente gracias a la manipulación genética.
Pero a diferencia de los insectos comunes, ésta polilla era una artificial. De hecho, el insecto no era exactamente una polilla.

El molesto animal voló y voló y el veneno no hizo mas que marearlo un poco, pero se compuso y hasta se metió en el armario para comer. ¿La ropa?, no exactamente, sino todo papel o archivo que pudiera encontrar.
Pues sí, la polilla era un agente secreto. La polilla comía todo lo que encontraba que pudiera poseer información y lo reportaba a quien lo tuviera que reportar. En este caso podía ser la CIA, o algún grupo de narcotraficantes de GGSO, en Mercurio.
¡Ah, Mercurio! El pequeño planeta se había transformado en un lugar de perdición absoluta, no mucho peor que la Tierra, pero lo suficientemente alejado de ser el mundo ideal. Si el mundo ideal nunca había existido, era ahora el momento de decretar que jamás existiría.

El tercer androide, Judas, pateo un sillón, enojado y elevó un grito al cielo. Miró fijamente a la polilla, que se hallaba parada sobre un perchero y miró luego al suelo. Se dirigió hacia el equipo de sonido, coloco un disco de Marilyn Manson y se sentó pesadamente sin perder de vista al bicho.
Juan I, que se había sentado a comer unos fideos -que por cierto estaban fríos- miro al insecto y luego con muy mal genio se dirigió a Judas:
-Te dije que no me banco esa música, loco. Apagá esa basura.
-No apago nada –desafió el hermafrodita.
Juan I, se levantó y se dirigió hacia el equipo. Lo apagó y cuando se dió vuelta para volver a su plato, Judas lo estaba apuntando con un Remington 2D. Comprendió que debía dejarlo encendido. Judas estaba realmente enfurecido.
Tomo el rifle y apuntó al bicho, que se había posado en el perchero y parecía no querer moverse de allí. Luego emitió una débil risa socarrona y bajo el rifle.
Luz, que estaba tendido en un sillón de la antigua casa, se había dormido. Eran ya las tres y doce minutos de la madrugada.

La casa era de madera, la puerta tenia un mosquitero roto y las ventanas estaban, las dos del frente, quebradas. Había dos habitaciones y un baño que no había sido aseado hacía al menos cinco o seis años. La casa en sí era una mugre y estaba llena de bichos y polvo. Se hallaba en el medio del desierto, en lo que era hoy un pequeño pueblo casi fantasma. Era similar a lo que habían sido milenios atrás los pueblos del lejano oeste. De hecho, estos androides eran usualmente algo así como los viejos "cowboys". Andaban con sombreros, rifles y pistolas, se dedicaban al juego y los negocios ilegales y eran perseguidos por la ley. En particular estos tres subsistían gracias a la granja de vacas, que clonaban a diario. Pero era un trabajo que dejaba bastante poco dinero, porque ya todo el mundo lo practicaba y la tecnología había hecho caer la actividad artesanal notablemente, además de que el pueblo hacía años había virtualmente desaparecido.
El negocio que mas funcionaba por esos días eran las fabricas de ordenadores cuánticos. De hecho la maldita polilla estaba conformada en base a la informática cuántica. Y en este momento, que estaba haciendo la digestión, estaba procesando los libros y cartas que se había comido y enviándolos hacia quien sabe que organización. Podría ser una fuerza estatal o internacional o una compañía que quería hacer una investigación de mercado. ¡Si hasta las etiquetas de las latas de comida se comería! Y lo haría por diez o mas años sin que se pudieran librar de ella. Sería muy difícil, cada día que pasaba la polilla se hacía mas fuerte, se adaptaba mejor.

Cuándo el reloj marcó las cinco, los tres se durmieron, aunque Judas no logró mantenerse mucho tiempo desactivado y buceando en las fantasías oníricas. Había quedado con la cabeza fija en aquella maldita polilla. A un "cowboy" no le gustaba que le estuvieran encima todo el tiempo. No era el insecto en sí, puesto que vivía entre toda clase de ellos, era el hecho de ser, digamos, perseguido por alguien que ni siquiera sabían quien era, y con quien deberían convivir por años.

Pasaron así, casi como calcados, los días. Meses. Tres años intentando eliminar o al menos alejar al maldito bicho, que ya era casi un compañero mas de la casa, que ya formaba parte de ella y su vida cotidiana.
Ya habían intentado todo: veneno, miles de formas de aplastar al objeto brillante, burbujas de atrapar, tapiar los muebles. Nada parecía hacerle daño, y si era por los muebles, entraba igual, quien sabe como. Los androides no estaban para comprender esas tecnologías.

El verano de ese año llego a su punto extremo: setenta y ocho grados centígrados esa tarde; se abanicaban con viejas revistas y diarios, se acostaban pero no lograban dormir la siesta debido al pegajoso y molesto calor de ese tremendo día.
No había mucho para hacer, mas que pensar como evitar que la porquería brillante y zumbadora siga carcomiendo los libros, revistas y todo papel que tuvieran guardado, sin olvidar todo lo que estuviese archivado en las viejas computadoras. El bicho se posaba en el gabinete cilíndrico y emitía una luz roja mientras succionaba de a poco la información que la máquina poseía en sus unidades de almacenamiento.
-¡Condenado bicho malnacido! -Balbuceaba a cada momento Juan I, mientras miraba con odio a la polilla brillante, espeluznante. La polilla zumbaba por los aires satisfecha de haber tragado toda esa información que estarían utilizando para algo de lo que probablemente nunca se enterarían. Eso era lo peor de todo.
Juan I prendió el equipo de música y coloco un UMD -ultra mini disk- con unos temas de la época. Pasaron dos o tres horas escuchando esa música llena de alaridos y rasgueos ásperos de una guitarra eléctrica desafinada, agotados de no hacer nada por el calor agobiante.
Comenzó a nublarse, entonces. Dos horas y media después, aproximadamente, se desencadeno una tormenta importante, con vientos bastante fuertes, que sin la capacidad de presentar demasiada resistencia, entraban en la casa como lo había hecho la polilla ya años atrás. Aunque, realmente, a nadie le disgusto que esto pasara, pues en parte calmaba el calor insoportable que habían vivido ese verano y los últimos tres veranos de su vida. ¡La primer lluvia en tres años! Esta bien que en invierno no hacia calor, mas bien todo lo contrario, hacía un frío espantoso que en ocasiones podía fragilizar el esqueleto de los androides y causarles ciertas lesiones internas. Pero una lluvia en verano era espectacular en ese momento, cualquiera la hubiese deseado.
El viento zumbaba y hacia de acompañante al zumbido intermitente de la maldita polilla, la polilla espeluznante.
Juan I dijo a sus compañeros:
-Oiganme. ¿Y que tal si salimos de la casa veinte minutos? Es posible que si no advierte a nadie en la casa considere que esta abandonada y se vaya. Debemos aprovechar ahora porque si salimos en otro momento nos vamos a cocinar.
-Es interesante la idea. -dijo Luz- Antes que no probar nada...
-Es una estupidez. -dijo ahora Judas, en un tono bastante despectivo-.
-Entonces sigamos con la polilla adentro -replicó fingiendo indiferencia Juan I-.
-Bueh, antes que nada... -ahora decía Judas, admitiendo hacia su interior que quizá la idea no era tan mala después de todo-.
Los tres salieron. Sacaron las sillas a la puerta cuando el viento se había calmado y la lluvia era ya una leve llovizna. El Sol era potente, pero el viento leve que persistía hacía que el clima fuese perfecto. Digamos, una sensación térmica de veinte grados aproximadamente. Pusieron las sillas frente a la puerta de la casa, que permanecía abierta de par en par -digamos que cuando estaba cerrada no era muy diferente- y observaron detenidamente a la polilla.
Esta buscaba todos los rincones, feliz de devorar la información de la casa pulgosa en la que habitaba desde hacia tres años, pero no parecía con ganas de irse. Inclusive, parecía mas excitada. Judas miro mal a Juan I y no le dijo nada. Volvió la vista a la polilla y gruño fastidiosamente. Permanecieron sentados allí casi toda la tarde, unas tres horas o algo mas.
A la noche, cenaron cada uno una pata cruda de vaca -era casi lo único que comían- y se fueron a acostar bastante mas reconfortados por la adorable tormenta de aquella tarde pero enojados y exhaustos por no poder acabar con esa polilla y cansados de vivir de esa forma, presionados por ese maldito insecto.

Pasaron dos días, hasta que a Luz se le ocurrió una idea.
La ocultó al principio, le pareció algo absurda. Además si a el le parecía absurda, a sus compañeros también les parecería absurda y no le harían ningún caso. Luz era el mas tímido e indeciso de los tres androides y hasta se podría decir que realmente le deba vergüenza expresar la idea que se le había ocurrido.
Se levanto esa mañana luego de meditar su plan y se preparo para esperar a los distribuidores que traerían algunas provisiones de la ciudad y se llevarían a cambio algo de carne de vacas y algunas hortalizas transgénicas que preparaban en la huerta de al lado de la casa. Sus amigos aún estaban dormidos.
Al cabo de media hora, llego el imponente camión. Era como una especie de platillo volador, con tres ruedas, una al frente y dos detrás, mas o menos de unos 20 metros de diámetro. Como esperaba, le trajeron las provisiones y se llevaron las vacas.
-¿Puedo hacerte una pregunta? -dijo el robot que manejaba el vehículo.
-Por supuesto -respondió amablemente Luz.
-¿Por qué últimamente me devolvés las latas y los envases sin etiqueta? ¿Algún mañoso en tu casa?
-No, no. Es que tenemos la polilla.
-Uy, Dios, ¡creeme que yo se lo que es eso! Mi madre la tuvo en la casa quince años. Todavía no se recuperó totalmente de la experiencia, suele ver polillas por todos lados y mas de una vez recibí un golpe o una lluvia de veneno en la cara… bueno tengo que irme porque estoy muy atrasado con los pedidos -dijo el robot dorado dejando sin chance de réplica a Luz mientras se subía al camión-.
-¡Hasta luego! -respondió Luz elevando la mano débilmente-.

Se dirigió al baño y se afeito la barba y las axilas. Se lavo un poco la cara y se recostó en una silla junto a la mesa luego de tomar una cerveza de la heladera. Se sirvió un vaso y lo bebió lentamente volviendo a pensar en su idea delirante.
Cuando los muchachos se levantaron -primero lo hizo Juan I y luego Judas- prepararon por fin una buena comida: unos huevos fritos y un bife de vaca a la plancha y comieron plácidamente, tomando a la par grandes cantidades de cerveza y gaseosa.
Eran entonces las tres de la tarde. Luz miro de reojo a sus compañeros y dijo débilmente, para quebrar el silencio:
-Muchachos...
Juan I y Judas ni se mosquearon. Entonces se decidió a hablar con voz mas firme:
-Tengo una idea para acabar con la polilla.
-Ja, no me digas... Ya ni me importa esa basura -dijo Juan I, groseramente-.
-¡Dejalo hablar, boludo! -atacó sin muchos modales Judas-.
-Simplemente alguno de nosotros debe mirarla fijamente y pedirle por favor que se apague.
-No cuentes conmigo -dijo, sin pensar demasiado la propuesta, Juan I-.
-Es una estupidez -dijo Judas mostrando en sus labios una leve sonrisa- pero… teniendo en cuenta que no tenemos muchas opciones y que hicimos caso a mas de una tonta idea de Juan I, yo acepto. ¡Y vos también lo vas a hacer! -dijo dirigiéndose a Juan I-.
-Ya dije que no me importa ese bicho. No acepto.
-Ok, andate a la mierda. -Dijo ahora enojado, Luz-.

Se dirigieron hacia el perchero, donde se había posado la polilla. Ya se había habituado a quedarse ahí, y caminaba sobre una percha de madera mientras zumbaba horriblemente.
Luz la miró fijamente y le dijo: -Por favor, andate.
La polilla se quedo quieta un instante, como si las palabras hubiesen surtido efecto. Pero luego siguió caminando y husmeando el perchero en busca de mas información.
Entonces Juan I se echo a reír fanfarrón y descreído. -Es una tontería –dijo-.
Judas, que no pensaba que la idea era la mejor del mundo, igualmente se acercó a la polilla y le dijo exactamente lo mismo; o casi:
-Andate de acá, por favor.
La polilla siguió caminando sobre el perchero como si nada hubiese ocurrido. De hecho, salió volando y dio una pequeña vuelta en el aire antes de volver a posarse en otra percha.
-Decile "por favor" -le dijo Luz a Judas-.
-Uf, la madre que lo pa... -bufó- Por favor, ¿tendrías la amabilidad de irte? -dijo sarcásticamente-.
La polilla se detuvo un momento, pero al rato siguió como si nada. Esperaron un minuto, pero nada cambió. La polilla seguía tal cual.

Toda la tarde, Luz estuvo rompiendose la cabeza pensando como podrían librarse de ella. De hecho, no era ni mas ni menos que lo que habían estado haciendo los tres androides los últimos tres años de su existencia.

Llegó la noche y todos se dispusieron a cenar. No cenarían vaca esa noche, sino una sopa de espárragos. Habían llegado las provisiones y tenían ganas de cambiar un poco.
La polilla estaba muy alterada y molesta esa noche. Juan I se levanto para ir al baño y la polilla lo siguió. Se lavó las manos con el lavador automático y vió que la polilla se le venía encima y le zumbaba en el oído. Manoteó un par de veces, maldiciendo.
-¡Andate de acá bicho de mierda! ¡Salí de acá!
Pero la polilla estaba obstinada en molestarlo.
-Por favor ¿podés irte de acá? -Dijo algo alterado, antes de lanzar un puñetazo al aire-.
Y la polilla se fue.

El metálico insecto voló hacia el perchero y quedó como contemplando a los dos androides que tomaban su sopa y bebían su cerveza. Permaneció inmóvil unos segundos y emitió un sonido estridente, como el de una vieja radio a todo volumen:
-Felicitaciones señores, ganaron el premio de "El desafío de la polilla brillante". En una semana les enviaremos los pasajes para viajar al Caribe con todos los gastos pagos y depositaremos su premio de ¡un millón de pesos! Auspicia…

Luz y Judas se miraron sin comprender demasiado la situación. La polilla voló unos segundos y cayo en el plato de Juan I.
Juan I se sentó a la mesa con sus manos limpias, tomó la cuchara, miró su plato dispuesto a tomar su sopa y luego de dibujar una extraña una mueca con su boca, exclamó malhumorado:
-¡Hay una polilla en mi sopa!, una polilla brillante, espeluznante...


Fuentes:

Imágen:
http://agobeta.googlepages.com/Robotcowboy.jpg/Robotcowboy-full.jpg
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2 comentarios:

  1. Vas a tener que cambiarte el nick a "Martín Venusiano" XD.

    Lindo cuento, me recuerda a mi niñez y adolescencia leyendo Bradbury. La magia de la ciencia ficción es poder hablar de lo humano (y en este caso se toca más de una faceta de ese gran tema) bajo la apariencia de lo extraño.

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  2. Jajaja, no estaría mal el Martín Venusiano.

    Te confieso que soy un fanático de Bradbury, no sería raro que el cuento tenga influencias bradburianas. De hecho, mi libro favorito de ficción (cualquier tipo de ficción) está entre dos de él: Fahrenheit o El país de octubre.

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Muchas gracias por comentar.
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