martes, 6 de octubre de 2009

Tarot


El murió una noche
en que las latas querían ser música,
ser trovadoras del pueblo,
y aunque las manos de aquella chica
(a la que escoltaba una Señora)
profanaban el silencio de la noche
a sus ojos aquellas latas no sonaban
con el odio con el que chillaban las otras.

"¡No quiero!" "¡No soy!"
sonaban hirvientes las voces frías.
(Nadie recuerda el clima)
Los gritos lo ultrajaron hasta morir.
Y volvió a nacer (pero era otro).
Y tuvo esperanza y creyó.
Y otro "no" volvió a golpear con furia.

Un día se despertó cantando.
Lo había oído en la cancha,
sentía los pies vibrar,
esperaba empujones y avalanchas,
aunque ahora las palabras eran distintas.
Sintió vergüenza
por no saber interpretarla antes.
Porque era tan fácil
que todo lo que creía que había aprendido
era inútil para describirla.
Sintió miedo
de interpretarla mal
de que los demás chicos
se burlaran de él en la escuela.

¡Pero la manzana era tan brillante
y la maestra tan linda!

Probó el fruto de lo prohibido,
y decidió ser pecador
ante las caras del ayer.
Los ojos lo miraban.
Los dedos lo apuntaban.
Las bocas lo acusaban.
Y los oídos se espantaban
cuando él tarareaba esa canción.
Y aunque a veces la cantara hacia adentro
su rostro lo delataba, agriando lenguas ajenas.

Los puros le reclamaban
que abriera los ojos
que limpiara sus manos
que purificara su boca
que sus oídos oyeran con atención.
Pero el cantaba
con los ojos cerrados,
las manos en sus bolsillos,
con alegría en su boca
y los oídos borrachos de aquella melodía.

Lo golpearon mil veces mas
lo condenaron al silencio
lo juzgaron entre muchos
(ellos sentían que eran todos)
aunque no hablaran nunca de él.
No le hablaban a él.
Oyó verdades reveladas,
Santas Escrituras que alguien había escrito
en el periódico del Domingo.

Y él, ahora hereje,
escupía aquellas letras
diluyendo en el olvido
la tinta que las retrataba.
Y mezclaba con las manos
el olor a tinta fresca
y hasta escribía otra cosa
con la palabra de esa tarde.

A veces se preguntaba si había perdido la razón o si la había ganado.
Y aunque tenía respuesta para cada día, no le importaba saberla.

No quería volver a morir.
(Ahora estaba bien, decansando bajo el bodi.
Aunque él lo llamaba "plátano", y a veces "palo borracho").
En ocasiones, una radio de plástico lo acompañaba.
Y a veces decía estando apagada,
y otras callaba estando encendida.
Grandes ojos lo irradiaban, pero el respondía con escepticismo.
Pequeños ojos lo enfrentaban, y se arqueaban sus labios
ofreciendo la mejilla a los labios que lo condenaban.

La luz se iba y la canción sonaba ahora mas fuerte.
Mas fuerte.
Ensordecedora.

Muerte y reencarnación. Metempsicosis.
El polvo y los fríos objetos de la habitación
recordaban al niño muerto.
Velaban por el.
Esperaban su retorno.
Pero sabían que ya estaba muy lejos para volver.
En otro lugar del mundo
(quizá no muy lejos, quizá sí)
un tipo pateaba la calle
silbando la marcha peronista.

Se oía pasar el tren. Los pájaros también cantaban.
Ya era de día.



No sé escribir poesía, lo admito (igual me banco las críticas). Fué un arrebato de delirio y me dió ganas de publicarlo.



Fuentes:

Imágen:
http://www.pasarmiedo.com/curiosidades/tarot/loco.jpg
.

8 comentarios:

  1. Lo sentí, tal cual, muchas veces.
    Pero nunca tuve tu capacidad para describirlo.

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  2. seguí escribiendo que está bueno, esta fuerte, está sentido...

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  3. Si te gusta escribir...
    porqué no probás con estudiar?
    O un taller literario?

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  4. Luis: supongo que muchos nos sentimos así. De alguna manera lo que puse es una forma rebuscada de contar mis experiencias desde aquel 11 de marzo.

    Daniel: Gracias.

    Germen: No, gracias por el ofrecimiento pero no es lo mío.

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  5. Entonces a arrebatarse por el delirio más seguido muchacho! eso sí.. no sea egoísta y compártalo. Sino no vale.

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  6. Jaja, ok. Gracias Sole.
    Saludos.

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  7. Cuánto rasidual católico en esa loca cabezota latinoamericana!

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Muchas gracias por comentar.
Se agradece evitar la violencia al expresarse.