Es cierto, soy malo para el ajedrez. Apenas conozco aspectos básicos del juego y justamente por eso, soy capaz de terminar un partido en el que está todo servido para ganarlo, a lo bestia como en la imagen que adjunto.

Hace unos días, Gerardo Fernandez -que evidentemete sí sabe- tiró en su blog una analogía ajedrecística muy inteligente respecto al gobierno y sus opositores. Y cuándo terminé de jugar éste partido y vi el cartelito "stalemate", y luego el rey negro rodeado de amenazantes piezas blancas no pude evitar acordarme de todo ésto, de lo que dijo Gerardo, del gobierno, del kirchnerismo y de mi mismo.
Lo que voy a decir va por mi cuenta en el sentido de que no intento generalizarlo mas allá de que algunos puedan o no sentirse identificados. El concepto que voy a tirar apunta lisa y llanamente a lo que yo siento desde mi posición de oficialista.
En la jugada, el rey negro está ahogado porque no está en jaque pero tampoco tiene la posibilidad de hacer movimientos legales. Técnicamente, es un empate. (Ya veo que algún ajedrecista me va a marcar alguna bestialidad que dije, je).
Yo de alguna manera -y vaya ironía, con las fichas blancas- actué como la oposición: con poca inteligencia, a las apuradas y con el afán de resolver rápidamente. La oposición parece estar provocando un "ahogo" perpetuo, por eso aún con todo siempre a favor -excepto la política, pequeño detalle- no sale del empate. El oficialismo también está en la misma, tiene todo en contra pero a fuerza de mas o menos buenas estrategias logra que no le den mate. Y si deciden empezar otro juego para desempatar, no empiezan de cero. Los dos empiezan con el mismo desequilibrio que hay en el tablero. Por momentos el oficialismo recobra fuerza, por momentos la oposición parece estar al borde de conseguir su victoria.
El resultado de éste juego en particular, tiene un final abierto, ninguno la tiene demasiado fácil.
Pero lo que impresiona, o al menos lo que a mi me impresiona, es la forma en que nos mantienen en ésta situación de ahogo todo el tiempo. Por un lado, una les salió bastante bien: sin por esto lavarme las manos de los propios errores, ellos lograron meter un alfil en la vicepresidencia que está todo el tiempo amenazando desde las sombras. Instalaron miedos, identificaron a los enemigos (oficialistas, piqueteros, pibes chorros, zurdos, etc), inventaron seres mitológicos como el Granero del Mundo, Brasil o Chile, ocultan sistemáticamente toda buena noticia o avance, instalaron la idea de que nada que se diga desde una posición oficialista es sincero, ni es creíble aún si las fuentes son extranjeras, y podría seguir. Tienen peones por todos lados, en la calle pueden tener a un agropiquetero a derecha o a un Alderete a izquierda. Y en los medios a toda hora y en todos los canales, en los diarios, en los comentarios de los diarios, a veces en la calle, en la cola del supermercado o del bondi. Y nosotros no podemos responder y he ahí lo mas subjetivo, lo mas personal del caso. Yo realmente siento ahogo por tener que evitar todo el tiempo la confrontación. No sé si a ustedes les pasa, pero percibo en el aire una sensación tan generalizada y tan avasallante por cierto, casi de una omnipotencia cocainómana, de que la verdad única es que nosotros no somos ni siquiera dignos de pensar diferente, que al menos en mi caso, me congela y evita que pueda decir "no, no estoy de acuerdo con semejante cosa". Estoy harto y asqueado de eso, y me pregunto por que, que derecho hay en una democracia haya una censura implícita, de que el que defiende a Macri no pueda ser cuestionado, o lo pueda hacer con impunidad y el que defiende a Cristina o a Néstor sea linchado públicamente. Y no somos tan pocos eh, uno de cada tres de nosotros, en la calle, está con el gobierno. Sin embargo ellos parecen millones, parecen muchos mas que nosotros y parecen muchos mas porque estamos ciertamente ahogados, porque sabemos que si mandamos siquiera un email con una visión diferente sobre la "inseguridad" o el INDEC no solo no va a ser ni siquiera repasado con la vista, vamos a ser blanco de múltiples puteadas, puteadas que no asoman cuándo nos envían ofensas de diez mil caracteres cargadas de xenofobia, intolerancia, racismo o misoginia, cuando no golpismo, puteadas que se callan o se esconden en un tibio "yo no soy K, pero...". Ni hablar cuándo en la calle o en el laburo tenemos que soportar los delirios del tipo "ésto ya es Colombia" o "a los zurdos hay que matarlos a todos", ante el silencio o la aprobación de la mayoría. Y terminamos obligados a cerrarnos, a veces casi en una suerte de clandestinidad llegando a dar casi azarosamente con algún amigo que piensa como nosotros, empezamos a jugar a la defensiva.
Una de las mayores brutalidades del laburo de los peones mediáticos es que han conseguido estigmatizar a un tercio de la población, ese tercio no tiene derecho a pensar diferente, que lo haga es obsceno e inmoral y no hay marcha atrás. La impunidad de aquellos que no son es increíble, y para colmo y contra las reglas del juego los peones se empiezan a reproducir como los gremlins y al igual que los gremlins son cada vez mas violentos, prepotentes y nauseabundos, ya no es sólo Andino, ya no es sólo Marziotta, el vecino de enfrente también es un peon blanco. No hay argumento que escuchar, la puteada de ellos vale mas que cualquier reflexión nuestra, se percibe en el aire y me pregunto si no seremos nosotros los que aceptamos esa estigmatización, o si no seré yo al menos el que la aceptó.
Evidentemente, en algo nos equivocamos para que nos coparan tan rápidamente y se hicieran de la opinión pública, de "lagente" y del sentido común con tanta facilidad, y es algo que tenemos que revisar. Por mi parte, desde lo absoluta y estrictamente personal, tengo que empezar a pensar en una estrategia mas ofensiva, aún a riesgo de que recibir el ataque de algún peón. O algún caballo.
Hace unos días, Gerardo Fernandez -que evidentemete sí sabe- tiró en su blog una analogía ajedrecística muy inteligente respecto al gobierno y sus opositores. Y cuándo terminé de jugar éste partido y vi el cartelito "stalemate", y luego el rey negro rodeado de amenazantes piezas blancas no pude evitar acordarme de todo ésto, de lo que dijo Gerardo, del gobierno, del kirchnerismo y de mi mismo.
Lo que voy a decir va por mi cuenta en el sentido de que no intento generalizarlo mas allá de que algunos puedan o no sentirse identificados. El concepto que voy a tirar apunta lisa y llanamente a lo que yo siento desde mi posición de oficialista.
En la jugada, el rey negro está ahogado porque no está en jaque pero tampoco tiene la posibilidad de hacer movimientos legales. Técnicamente, es un empate. (Ya veo que algún ajedrecista me va a marcar alguna bestialidad que dije, je).
Yo de alguna manera -y vaya ironía, con las fichas blancas- actué como la oposición: con poca inteligencia, a las apuradas y con el afán de resolver rápidamente. La oposición parece estar provocando un "ahogo" perpetuo, por eso aún con todo siempre a favor -excepto la política, pequeño detalle- no sale del empate. El oficialismo también está en la misma, tiene todo en contra pero a fuerza de mas o menos buenas estrategias logra que no le den mate. Y si deciden empezar otro juego para desempatar, no empiezan de cero. Los dos empiezan con el mismo desequilibrio que hay en el tablero. Por momentos el oficialismo recobra fuerza, por momentos la oposición parece estar al borde de conseguir su victoria.
El resultado de éste juego en particular, tiene un final abierto, ninguno la tiene demasiado fácil.
Pero lo que impresiona, o al menos lo que a mi me impresiona, es la forma en que nos mantienen en ésta situación de ahogo todo el tiempo. Por un lado, una les salió bastante bien: sin por esto lavarme las manos de los propios errores, ellos lograron meter un alfil en la vicepresidencia que está todo el tiempo amenazando desde las sombras. Instalaron miedos, identificaron a los enemigos (oficialistas, piqueteros, pibes chorros, zurdos, etc), inventaron seres mitológicos como el Granero del Mundo, Brasil o Chile, ocultan sistemáticamente toda buena noticia o avance, instalaron la idea de que nada que se diga desde una posición oficialista es sincero, ni es creíble aún si las fuentes son extranjeras, y podría seguir. Tienen peones por todos lados, en la calle pueden tener a un agropiquetero a derecha o a un Alderete a izquierda. Y en los medios a toda hora y en todos los canales, en los diarios, en los comentarios de los diarios, a veces en la calle, en la cola del supermercado o del bondi. Y nosotros no podemos responder y he ahí lo mas subjetivo, lo mas personal del caso. Yo realmente siento ahogo por tener que evitar todo el tiempo la confrontación. No sé si a ustedes les pasa, pero percibo en el aire una sensación tan generalizada y tan avasallante por cierto, casi de una omnipotencia cocainómana, de que la verdad única es que nosotros no somos ni siquiera dignos de pensar diferente, que al menos en mi caso, me congela y evita que pueda decir "no, no estoy de acuerdo con semejante cosa". Estoy harto y asqueado de eso, y me pregunto por que, que derecho hay en una democracia haya una censura implícita, de que el que defiende a Macri no pueda ser cuestionado, o lo pueda hacer con impunidad y el que defiende a Cristina o a Néstor sea linchado públicamente. Y no somos tan pocos eh, uno de cada tres de nosotros, en la calle, está con el gobierno. Sin embargo ellos parecen millones, parecen muchos mas que nosotros y parecen muchos mas porque estamos ciertamente ahogados, porque sabemos que si mandamos siquiera un email con una visión diferente sobre la "inseguridad" o el INDEC no solo no va a ser ni siquiera repasado con la vista, vamos a ser blanco de múltiples puteadas, puteadas que no asoman cuándo nos envían ofensas de diez mil caracteres cargadas de xenofobia, intolerancia, racismo o misoginia, cuando no golpismo, puteadas que se callan o se esconden en un tibio "yo no soy K, pero...". Ni hablar cuándo en la calle o en el laburo tenemos que soportar los delirios del tipo "ésto ya es Colombia" o "a los zurdos hay que matarlos a todos", ante el silencio o la aprobación de la mayoría. Y terminamos obligados a cerrarnos, a veces casi en una suerte de clandestinidad llegando a dar casi azarosamente con algún amigo que piensa como nosotros, empezamos a jugar a la defensiva.
Una de las mayores brutalidades del laburo de los peones mediáticos es que han conseguido estigmatizar a un tercio de la población, ese tercio no tiene derecho a pensar diferente, que lo haga es obsceno e inmoral y no hay marcha atrás. La impunidad de aquellos que no son es increíble, y para colmo y contra las reglas del juego los peones se empiezan a reproducir como los gremlins y al igual que los gremlins son cada vez mas violentos, prepotentes y nauseabundos, ya no es sólo Andino, ya no es sólo Marziotta, el vecino de enfrente también es un peon blanco. No hay argumento que escuchar, la puteada de ellos vale mas que cualquier reflexión nuestra, se percibe en el aire y me pregunto si no seremos nosotros los que aceptamos esa estigmatización, o si no seré yo al menos el que la aceptó.
Evidentemente, en algo nos equivocamos para que nos coparan tan rápidamente y se hicieran de la opinión pública, de "lagente" y del sentido común con tanta facilidad, y es algo que tenemos que revisar. Por mi parte, desde lo absoluta y estrictamente personal, tengo que empezar a pensar en una estrategia mas ofensiva, aún a riesgo de que recibir el ataque de algún peón. O algún caballo.

