Hay uno de los slogans -de los tantos, cientos, que ha desplegado De Narváez en su campaña- que dice "lo que ellos no saben es que vos tenés un plan".
Por supuesto, no me voy a detener a estudiar una frase propia de una estrategia de mercado. No es lo mío. En tal caso, podría concluír rápidamente que, inteligentemente, De Narváez vacía de propuestas su campaña y nos permite llenar el vacío con nuestros propios deseos. O los de aquellos que lo van a votar.
Pero lo mejor del slogan, es que De Narváez dice de nosotros lo que yo diría de ellos.
Hay algo que ellos no saben. Y lo que ellos no saben, es que nosotros no tenemos ningún plan. Ellos no lo creen, no creen que no tengamos ningún plan. Seguramente nos imaginan elaborando estrategias, maquiavélicas, pensando en cómo podemos hacer para torcer el destino en el sentido de nuestra voluntad. Y, seguramente, lo haríamos por dinero, por poder, por revanchismo, por ignorancia. Por eso nos llaman ñoquis o ciberñoquis, hablan de fraude, de campaña sucia, y podría seguir.
Lo que no saben es que somos muchos que pensamos no tan igual. Que no tenemos un plan y por eso el plan lo elaboramos todo el tiempo, a cada minuto, lo construímos con hechos y con debates.
En los blogs o en la calle, desde las radios o desde los medios impresos, nosotros también hacemos como dijo Natanael en aquel posteo del 6 de junio.
Pero quizá el aspecto mas ajeno a ellos, lo que realmente ellos no saben, es que lo hacemos porque creemos de verdad y porque, parafraseando a Cristina, estamos convencidos de que éste es el camino correcto. Y tan grande es nuestra convicción que nos lleva al plano de la pasión. Y por eso, además de hacer, hacemos en forma caótica, desordenada, variable en formas y contenidos.
Aún con ese desorden, nos identificamos entre nosotros. Nos entendemos con facilidad, sentimos empatía aún a la distancia, somos capaces de sentirnos al borde de la emoción ante las situaciones mas -aparentemente- frías, las palabras de un compañero que habla por la radio o escribe en un blog, un video de Youtube, un discurso de Cristina en canal 7 o las fotos de los nuevos aviones de Aerolineas. Y eso, y perdonenme lo orgulloso, eso nos hace únicos. No tener un plan nos hace únicos, no estamos organizados, o al menos no de la forma en que se organizan cacerolazos o marchas por la inseguridad, o foros de republicanismo. Estamos conectados entre nosotros por el sentimiento.
Porque el pueblo no puede ser organizado y uniforme, sinó precisamente caótico e impredecible, predominantemente emocional y pasional. Y eso somos nosotros. No somos uniformes ni siquiera en nuestros odios. Y ellos, hasta en eso tienen un plan. Y diría que, en el fondo, es su único plan. Odian a los mismos, por igual, al mismo tiempo, están en sintonía en todos los canales de televisión y las radios que hacen de repetidora universal del malestar general.
Nosotros no tenemos un plan, Francisco. No tenemos un plan porque el proyecto está en marcha. porque creemos en quienes elegimos aún si tenemos diferencias con ellos. Porque querer imponer nuestro propio plan nos llevaría a ser una guerra de egos, y sin embargo -y a pesar de que tenemos nuestras diferencias, claro- estamos mas juntos que nunca.
Colo, al regalarle a la gente la posibilidad de imaginar de cero su propio plan estás creando un monstruo que no vas a poder controlar. Y lo hacés a conciencia de que no podrías manejar en los hechos, y no en el plano potencial e imaginario, tu continua e insoportable ambigüedad, que resulta siendo también tu fortaleza en los números, pero vaya a saber cuánto pueda durarte.
Nosotros no tenemos un plan, pero lo que podemos garantizar es que hasta el último voto que contemos el domingo -y sí que serán millones- va a llevar impreso algo que sus fiscales no pueden leer, ni ver, ni tocar. Ese voto estará impregnado de sentimientos, de lo mas variables, pero del único sentimiento que ellos pueden percibir, de la bronca, seguro que no.
Por supuesto, no me voy a detener a estudiar una frase propia de una estrategia de mercado. No es lo mío. En tal caso, podría concluír rápidamente que, inteligentemente, De Narváez vacía de propuestas su campaña y nos permite llenar el vacío con nuestros propios deseos. O los de aquellos que lo van a votar.
Pero lo mejor del slogan, es que De Narváez dice de nosotros lo que yo diría de ellos.
Hay algo que ellos no saben. Y lo que ellos no saben, es que nosotros no tenemos ningún plan. Ellos no lo creen, no creen que no tengamos ningún plan. Seguramente nos imaginan elaborando estrategias, maquiavélicas, pensando en cómo podemos hacer para torcer el destino en el sentido de nuestra voluntad. Y, seguramente, lo haríamos por dinero, por poder, por revanchismo, por ignorancia. Por eso nos llaman ñoquis o ciberñoquis, hablan de fraude, de campaña sucia, y podría seguir.
Lo que no saben es que somos muchos que pensamos no tan igual. Que no tenemos un plan y por eso el plan lo elaboramos todo el tiempo, a cada minuto, lo construímos con hechos y con debates.
En los blogs o en la calle, desde las radios o desde los medios impresos, nosotros también hacemos como dijo Natanael en aquel posteo del 6 de junio.
Pero quizá el aspecto mas ajeno a ellos, lo que realmente ellos no saben, es que lo hacemos porque creemos de verdad y porque, parafraseando a Cristina, estamos convencidos de que éste es el camino correcto. Y tan grande es nuestra convicción que nos lleva al plano de la pasión. Y por eso, además de hacer, hacemos en forma caótica, desordenada, variable en formas y contenidos.
Aún con ese desorden, nos identificamos entre nosotros. Nos entendemos con facilidad, sentimos empatía aún a la distancia, somos capaces de sentirnos al borde de la emoción ante las situaciones mas -aparentemente- frías, las palabras de un compañero que habla por la radio o escribe en un blog, un video de Youtube, un discurso de Cristina en canal 7 o las fotos de los nuevos aviones de Aerolineas. Y eso, y perdonenme lo orgulloso, eso nos hace únicos. No tener un plan nos hace únicos, no estamos organizados, o al menos no de la forma en que se organizan cacerolazos o marchas por la inseguridad, o foros de republicanismo. Estamos conectados entre nosotros por el sentimiento.
Porque el pueblo no puede ser organizado y uniforme, sinó precisamente caótico e impredecible, predominantemente emocional y pasional. Y eso somos nosotros. No somos uniformes ni siquiera en nuestros odios. Y ellos, hasta en eso tienen un plan. Y diría que, en el fondo, es su único plan. Odian a los mismos, por igual, al mismo tiempo, están en sintonía en todos los canales de televisión y las radios que hacen de repetidora universal del malestar general.
Nosotros no tenemos un plan, Francisco. No tenemos un plan porque el proyecto está en marcha. porque creemos en quienes elegimos aún si tenemos diferencias con ellos. Porque querer imponer nuestro propio plan nos llevaría a ser una guerra de egos, y sin embargo -y a pesar de que tenemos nuestras diferencias, claro- estamos mas juntos que nunca.
Colo, al regalarle a la gente la posibilidad de imaginar de cero su propio plan estás creando un monstruo que no vas a poder controlar. Y lo hacés a conciencia de que no podrías manejar en los hechos, y no en el plano potencial e imaginario, tu continua e insoportable ambigüedad, que resulta siendo también tu fortaleza en los números, pero vaya a saber cuánto pueda durarte.
Nosotros no tenemos un plan, pero lo que podemos garantizar es que hasta el último voto que contemos el domingo -y sí que serán millones- va a llevar impreso algo que sus fiscales no pueden leer, ni ver, ni tocar. Ese voto estará impregnado de sentimientos, de lo mas variables, pero del único sentimiento que ellos pueden percibir, de la bronca, seguro que no.