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jueves, 12 de noviembre de 2009

Ahogo

Es cierto, soy malo para el ajedrez. Apenas conozco aspectos básicos del juego y justamente por eso, soy capaz de terminar un partido en el que está todo servido para ganarlo, a lo bestia como en la imagen que adjunto.


Hace unos días, Gerardo Fernandez -que evidentemete sí sabe- tiró en su blog una analogía ajedrecística muy inteligente respecto al gobierno y sus opositores. Y cuándo terminé de jugar éste partido y vi el cartelito "stalemate", y luego el rey negro rodeado de amenazantes piezas blancas no pude evitar acordarme de todo ésto, de lo que dijo Gerardo, del gobierno, del kirchnerismo y de mi mismo.

Lo que voy a decir va por mi cuenta en el sentido de que no intento generalizarlo mas allá de que algunos puedan o no sentirse identificados. El concepto que voy a tirar apunta lisa y llanamente a lo que yo siento desde mi posición de oficialista.

En la jugada, el rey negro está ahogado porque no está en jaque pero tampoco tiene la posibilidad de hacer movimientos legales. Técnicamente, es un empate. (Ya veo que algún ajedrecista me va a marcar alguna bestialidad que dije, je).
Yo de alguna manera -y vaya ironía, con las fichas blancas- actué como la oposición: con poca inteligencia, a las apuradas y con el afán de resolver rápidamente. La oposición parece estar provocando un "ahogo" perpetuo, por eso aún con todo siempre a favor -excepto la política, pequeño detalle- no sale del empate. El oficialismo también está en la misma, tiene todo en contra pero a fuerza de mas o menos buenas estrategias logra que no le den mate. Y si deciden empezar otro juego para desempatar, no empiezan de cero. Los dos empiezan con el mismo desequilibrio que hay en el tablero. Por momentos el oficialismo recobra fuerza, por momentos la oposición parece estar al borde de conseguir su victoria.
El resultado de éste juego en particular, tiene un final abierto, ninguno la tiene demasiado fácil.

Pero lo que impresiona, o al menos lo que a mi me impresiona, es la forma en que nos mantienen en ésta situación de ahogo todo el tiempo. Por un lado, una les salió bastante bien: sin por esto lavarme las manos de los propios errores, ellos lograron meter un alfil en la vicepresidencia que está todo el tiempo amenazando desde las sombras. Instalaron miedos, identificaron a los enemigos (oficialistas, piqueteros, pibes chorros, zurdos, etc), inventaron seres mitológicos como el Granero del Mundo, Brasil o Chile, ocultan sistemáticamente toda buena noticia o avance, instalaron la idea de que nada que se diga desde una posición oficialista es sincero, ni es creíble aún si las fuentes son extranjeras, y podría seguir. Tienen peones por todos lados, en la calle pueden tener a un agropiquetero a derecha o a un Alderete a izquierda. Y en los medios a toda hora y en todos los canales, en los diarios, en los comentarios de los diarios, a veces en la calle, en la cola del supermercado o del bondi. Y nosotros no podemos responder y he ahí lo mas subjetivo, lo mas personal del caso. Yo realmente siento ahogo por tener que evitar todo el tiempo la confrontación. No sé si a ustedes les pasa, pero percibo en el aire una sensación tan generalizada y tan avasallante por cierto, casi de una omnipotencia cocainómana, de que la verdad única es que nosotros no somos ni siquiera dignos de pensar diferente, que al menos en mi caso, me congela y evita que pueda decir "no, no estoy de acuerdo con semejante cosa". Estoy harto y asqueado de eso, y me pregunto por que, que derecho hay en una democracia haya una censura implícita, de que el que defiende a Macri no pueda ser cuestionado, o lo pueda hacer con impunidad y el que defiende a Cristina o a Néstor sea linchado públicamente. Y no somos tan pocos eh, uno de cada tres de nosotros, en la calle, está con el gobierno. Sin embargo ellos parecen millones, parecen muchos mas que nosotros y parecen muchos mas porque estamos ciertamente ahogados, porque sabemos que si mandamos siquiera un email con una visión diferente sobre la "inseguridad" o el INDEC no solo no va a ser ni siquiera repasado con la vista, vamos a ser blanco de múltiples puteadas, puteadas que no asoman cuándo nos envían ofensas de diez mil caracteres cargadas de xenofobia, intolerancia, racismo o misoginia, cuando no golpismo, puteadas que se callan o se esconden en un tibio "yo no soy K, pero...". Ni hablar cuándo en la calle o en el laburo tenemos que soportar los delirios del tipo "ésto ya es Colombia" o "a los zurdos hay que matarlos a todos", ante el silencio o la aprobación de la mayoría. Y terminamos obligados a cerrarnos, a veces casi en una suerte de clandestinidad llegando a dar casi azarosamente con algún amigo que piensa como nosotros, empezamos a jugar a la defensiva.

Una de las mayores brutalidades del laburo de los peones mediáticos es que han conseguido estigmatizar a un tercio de la población, ese tercio no tiene derecho a pensar diferente, que lo haga es obsceno e inmoral y no hay marcha atrás. La impunidad de aquellos que no son es increíble, y para colmo y contra las reglas del juego los peones se empiezan a reproducir como los gremlins y al igual que los gremlins son cada vez mas violentos, prepotentes y nauseabundos, ya no es sólo Andino, ya no es sólo Marziotta, el vecino de enfrente también es un peon blanco. No hay argumento que escuchar, la puteada de ellos vale mas que cualquier reflexión nuestra, se percibe en el aire y me pregunto si no seremos nosotros los que aceptamos esa estigmatización, o si no seré yo al menos el que la aceptó.

Evidentemente, en algo nos equivocamos para que nos coparan tan rápidamente y se hicieran de la opinión pública, de "lagente" y del sentido común con tanta facilidad, y es algo que tenemos que revisar. Por mi parte, desde lo absoluta y estrictamente personal, tengo que empezar a pensar en una estrategia mas ofensiva, aún a riesgo de que recibir el ataque de algún peón. O algún caballo.


martes, 10 de junio de 2008

Una profesion sin etica profesional

Cada día me sorprendo mas de la flexibilidad y la ligereza con la que se maneja la profesion de periodista. Al menos en Argentina.

Porque mientras el resto de las profesiones de algun modo no pueden escapar a su propia naturaleza restrictiva el periodismo se mueve en un laissez faire extraordinario. Un medico no puede elegir como operar o que parte del cuerpo abrir, un ingeniero no puede elegir que formula le gusta mas para diseñar un equipo, un arquitecto no puede elegir que material le gusta para construir una columna o un reticulado de un puente.

Porque la naturaleza de estas profesiones es clara, porque la responsabilidad esta en el propio resultado, porque si un medico mata a un paciente o un arquitecto provoca la caida de un puente hecho de carton pintado no puede pasar inadvertido, porque tiene que pagar penalmente por el mal uso de aquella autoridad que se le confirio y por la cual juró lealtad a la Patria el dia de su egreso.

Y lo que es peor, a veces quienes ejercen la profesion de periodista ni siquiera son profesionales habilitados para hacerlo... ¿que dirias vos si una maestra de escuela primaria pretende operarte una hernia?

Y entonces uno escucha a Nelson Castro, otrora “señor periodista” decir que un ministro miente porque su rostro lo delata, y repetir programa tras programa que la culpa la tiene una de las partes y la otra no.

O encuentra a Joaquin Morales Solá, otro periodista de renombre, defender claramente una posicion, llamar una y otra vez a los mismos politicos y funcionarios, coquetear con ellos y sin ruborizarse pasear la propaganda de Atanor y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires al
cerrar su programa.

Incluso Victor Hugo Morales, un gran periodista y una persona integra y transparente, un hombre educado hasta el extremo, perdiendo la compostura absolutamente y poniendose claramente en una vereda en forma cuasi caprichosa, mientras detras desfilan propagandas de Atanor, Monsanto o Dow Chemical.

Y entonces Eduardo Feinmann, Mariano Grondona o Samuel Gelblung terminan pareciendo periodistas neutrales. Asi como Macri termina siendo un politico neutral y educado cuando uno ve la actitud de Elisa Carrio, Ricardo Lopez Murphy o Vilma Ripoll... o Pino Solanas. Sin importar la bandera politica, todos se parecen. Y en el periodismo ya todos se parecen, todos se mezclan, y Cronica TV a veces es un medio mas confiable que Todo Noticias, o Infobae resulta un medio mas “progre” que La Nacion.

Toda esta introduccion es para hablar brevemente sobre lo que escuche el dia domingo de la boca de una periodista llamada Mercedes Marti.

Estoy seguro de que vos la conoces, es una de las periodistas del actual noticiero de canal 9.

Mercedes Marti, en el programa de Roman Iutch -que le consentia cada disparate que decia- en Radio Continental, fue reportada por el periodista deportivo y cada palabra que decia yo resultaba mas impactado.

Y no resultaba impactado porque dijera algo que no sabia, sino porque confesaba abiertamente y con soltura que hacia mal su trabajo, y hasta hacia gala de ello, y decia que el trabajo en realidad tenia que ser mal hecho por el periodista.

Vuelvo con el episodio imaginario... ¿te imaginas si un arquitecto dice “si, para mi el arquitecto tiene que elegir el material con el que hacer una viga, si se cae todo en el fondo somos humanos”? ¿no te sentirias algo ofendido si esa viga es de un puente que se cae y mata a un miembro de tu familia en un accidente?

Eso es lo que dijo Mercedes Marti. Marti, muy segura de si misma y de sus años en el periodismo, propuso que el periodista tiene el deber de darle su “toque” a las noticias, de decir con el cuerpo, con la voz, que debe expresar su opinion porque la objetividad en realidad “no existe”... ¡touche!

¡Que seria de nosotros si cada uno en la tarea que nos toca hacer nos guiaramos por nuestra voluntad!. Supongo que ninguno de ustedes en su trabajo le pone su “toque” a las cosas, porque el jefe los pone en la calle inmediatamente, y de no tener jefe peor aun, porque sabes que tu empresa quiebra si haces las cosas como se te antoja y no como debes hacerlas.

Los periodistas parecen no entender que la suya es una profesion que deberia ser una de las mas nobles y honorables, porque el periodista de ley tiene la mision de informar, de contarle a la gente la verdad para que cada uno elabore, porque, a pesar de lo que quiza sienten muchos periodistas, los televidentes, los lectores, los oyentes, tambien tenemos capacidad de pensar y de discernir que nos parece correcto o incorrecto, mejor o peor. Solo necesitamos saber la verdad, no lo que el periodista considera que es verdad. Y entre una cosa y la otra, amén de los gustos de Mercedes Marti, hay diferencia.

Por el contrario, el periodismo argentino parece seguir creyendo que la profesion de periodista es mas bien una especie de oportunidad, de suerte que nos toca, como un futbolista o un famoso como Wanda Nara o la “Tota” Santillan, que llegan mas arriba cuanto mas bizarros son ... y entonces aparecen los Mauro Viale, los Jorge Pizarro o los Luis Majul, con horas y horas de espacio en los medios para destripar banalidades, o yendo mas lejos, el periodismo carroña de Jorge Rial o Viviana Canosa, y la profesion se transforma en un disparate que se insulta a si mismo.