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sábado, 14 de noviembre de 2009

La crudeza de los números

Hace un cálculo muy interesante y durísimo respecto al solidario y amoroso Marcelo Tinelli, que hace mucho por los pobres aunque nadie lo sabe (porque cada vez menos personas ven el programa, claro). Yo quiero dejar un poco de lado el tema Tinelli, porque me parece que le damos mas entidad de que la que tiene. Pero está muy bueno desnudar las falacias, y Tinelli es una de las mas grandes mentiras, y nos guste o no es popular. Con ustedes, el posteo de Gustavo (sinó directamente linkean arriba y lo pueden leer en su blog).

El valor de los sueños

Leemos: "Antes de que cantara Silvina [Escudero] se presentó un tape con su sueño: construir sanitarios y un aljibe para que la escuela Media Luna de la localidad de Miraflores cuente con agua. Agua que consiguen recorriendo largas distancias hasta un pozo donde también beben los animales de la zona". Luego los chicos cantaron un tema de Alejandro Lerner, El poder de los sueños. "Después de saludarlos Tinelli contó que el sueño sería cumplido independientemente de lo que logre en la competencia Silvina Escudero".

Hacer un aljibe y unos baños -suponiendo que no hay pozo ciego, y tb hay que hacerlo- puede costar, por decir algo, $ 50.000 (aplico un plus de 40 % a costos reales, para cubrir toda incertidumbre, en función de que se hace en el interior profundo).

El dream team en cuestión tiene cinco bailarines, dos coach y una famosa. Supongamos que los bailarines y los coach cobran $ 2.000 por mes, que la famosa cobra $ 3.000, que hay un costo de logística, escenografía y vestuario de $ 4.000 por mes. Son números hiper conservadores y excluyen el componente impositivo (asumo que todos están en negro).

En total: se gastan minimamente 21 mil pesos por mes, para cumplir un sueño de máximamente 50 mil, en un certamen que dura cinco meses.

El sistema de caridad privado del concurso es económicamente muy ineficiente.

O no.

El año pasado, Carolina ganó el concurso, imponiéndose frente a Laura Fidalgo by popular vote. La "final" totalizó tres horas de aire. Allí se pudieron vender, estimativamente, 2.000 segundos de publicidad. Asumamos una tarifa de $ 4.000 por segundo de publicidad.

Sólo la final, pudo haber recaudado, sólo por publicidad, ocho millones de pesos.

En ese último programa, la ganadora obtuvo el 53 % de los reportados 1.170.000 "votos" por sms. Supongamos que el programa se queda con el 15 % neto de eso, y que los mensajes eran de $ 2, serían 330.000 pesos.

Luego de esto, hemos oído a lo largo de 2009 cómo la maledicencia decía que Ideas del Sur no cumplía con el sueño, pagar la remodelación de la Sala de Expresión del sector oncológico del Hospital Garraham.

Pero Ideas del Sur puso la plata: exactamente 60 mil pesos, en cuatro cheques de 15 mil, que cubren aproximadamente el 30 % de los costos de la refacción.

Y que fue, según nuestras cuentas, menos del 0,7 % de lo recaudado sólo en el último programa del ciclo.

Chau Tinelli. Chau, chau, chau, chau, ¡chauuuuuuuuuuuuuu!



Fuentes:

Saber de leyes no es saber derecho:
http://www.saberderecho.com/2009/11/el-valor-de-los-suenos-bonus-track-del.html

Imágen:
http://web.educastur.princast.es/cursos/imagen/archivos/cursoimagen/numeros.jpg
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sábado, 19 de septiembre de 2009

Si yo fuera presidente

(Mientras sintonizo la radio, me paro en la ventana para mirar las luces de los autos y los faroles. Entonces, bajo el volumen de la radio hasta apagarla y, mirando aquellas luces brillar en la profunda oscuridad de la noche, empiezo a soñar despierto.)


Si yo fuera presidente, no habría hambre, ni pobreza, ni inflación, ni desempleo, ni inseguridad.

Argentina debería pedir por favor que dejen de venir inversiones, porque no habría espacio para todos, ni trabajadores suficientes para cubrir los empleos.

Si yo fuera presidente, nadie pediría un sueldo mínimo, porque el sueldo del argentino mas bajo sería el mas alto del mundo.

Si fuera presidente, los argentinos podríamos acordar en tres o cuatro puntos, y con eso sacaríamos el país adelante y para siempre. Nadie discutiría nunca mas sobre política, porque no sería necesario. Nadie hablaría mas de "consenso" o "diálogo", porque todos serían demasiado felices para bajar de palabras como "risa" o "alegría".

Si yo fuera presidente, tendríamos la industria brasileña, la seguridad de Chile y la paz social de Uruguay. El poderío económico de Estados Unidos y la madurez política de España o Canadá.

Si yo fuera presidente, estaríamos orgullosos de seguir siendo el granero del mundo, de producir tanto maíz, tanto girasol, tanta carne y hasta tanta soja como quisiéramos, teniendo además la mayor industria del planeta. Y protegeríamos el medio ambiente al extremo, ninguna industria o empresa afectaría el medioambiente en lo mas mínimo, ni desplazaría a los pueblos originarios de sus tierras, ni se desmontarían hectáreas de bosques.

Si yo fuera presidente, los medios serían libres (sí, libres de verdad: nadie con poder tendría que financiarlos para que existan) y cada ciudadano podría decir todo lo que quiere. Y todos tendrían la libertad de escucharlo porque a nadie le faltarían las posibilidades de comprar un diario o de tener internet en casa. Todos podrían publicar en su propia prensa, y ser leídos por los demás, habría pluralidad de voces y nadie procuraría amordazar ni controlar.

En ese mundo en que soy presidente, no sólo no hay IVA, sinó que se devuelve parte de los impuestos al que compra bienes de primera necesidad. No existen los planes sociales, ni la ayuda social, porque si yo fuese presidente los grandes empresarios, industriales y productores agropecuarios serían los encargados de ayudar a los que lo necesitan circunstancialmente, aunque eso solo pasaria si pierdo la vista por un momento, y por un momento me equivoco.

Si yo fuera presidente, la educación sería la mejor del mundo, con las mejores herramientas del mundo. Todos asistirían a la escuela fundamentalmente porque todos desearían hacerlo, nadie los obligaría a nada (en mi mundo, no hay obligaciones). Muchos copiarían nuestro modelo educativo. Los docentes jamás pedirían un aumento, porque no sería necesario.

Si yo fuera presidente, los hospitales serían tan lujosos que habría que pedirle a los pacientes que hagan un lugar para que entren otros. Dentro de los hospitales habría fuentes multicolor y golosinas infinitas para ayudar a quienes se sienten mal o tristes, a sentirse un poquito mejor y hacer mas amena la espera. Si es que hay espera, porque los médicos serían muchos (y muy bien pagos).

Pero no soy presidente.

(Las luces se agudizan, lo que era nebuloso deja de serlo. La gente camina afuera, en la lluvia, ya no estoy allá, en aquel mundo de fantasía. El mundo es real, complejo, mucho mas complejo. Hace frío de nuevo, las paredes son mas frías, las luces son mas tenues. Los murmullos me hacen recordar: quería escuchar mi programa de radio. Enciendo la radio nuevamente; ruido. Recuerdo algo...).


Hace unos días lo veía a Fernando Iglesias hablar en el Congreso. Y pensaba que en el fondo todos queremos mas o menos lo mismo, y entre el "todos" estamos Iglesias y yo*. Sólo nos diferenciamos en algo: yo sé que jamás voy a ser presidente, especialmente si alucino de esa forma. El, aún no se dió cuenta.


*Aclaración: es a los fines del texto. Creo que tenemos tantas diferencias con Iglesias que sería imposible enumerarlas.



Fuentes:

Imágen.
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domingo, 24 de mayo de 2009

¿Y si se gana?


¡Ah! si se gana...

Si se gana, quizá sólo por unas horas, quizá sólo unos minutos, vamos a tocar las nubes con los dedos y a empaparnos de la mas enorme de las alegrías. Si se gana será una descarga a tierra, un analgésico para aquel dolor profundo de estar ahogados en el fondo de un mar incontenible, de ser los nadies. Será el fin de aquella época -¡mirame como hablo!, como si ya hubiese pasado-, en la que no podíamos opinar, en la que eramos llamados al silencio. En la que teníamos que recibir los correos electrónicos de nuestros amigos -si, amigos, a pesar de las descalificaciones que justificarían algo mas que un reproche- y callarnos la boca, o enmudecer nuestros dedos. La época en que teníamos que tolerar en nuestros trabajos, en nuestros negocios, en nuestros lugares de reunión, en dónde vivimos y nos relacionamos, que nos humillaran. Muchas veces, que nos humillaran indirectamente humillando a otros, catalogando a los demás brutalmente, sin compasión, de ser algo que nunca habían (ni habrían) verificado, sin sospechar que estabamos del otro lado de la pared aunque nos pudieran ver con los ojos.

Si se gana, Tinelli habrá laburado en vano. Y eso me alegra.

Si se gana, algún agrogarca estará amargado. Supongo que mas de un agrogarca. Y también Rozitchner, o Fernando Iglesias. Mariano Grondona pondrá el grito en el cielo, cuando no lo veamos, cuándo esté en el baño y, en secreto, pierda la compostura y se entregue contra su voluntad a la furia de lo popular, al grito y a la puteada que ahoga en sus editoriales.

Si se gana, Clarín dejará de ser un grupo económico para ser silencio. Y eso, eso no tiene precio.
Esa es la venganza. Porque sí, porque somos vengativos.

Si se gana la luz va a ser mas brillante, la oscuridad mas seductora. Si se gana las sonrisas van a ser menos amargas. Lo cotidiano va a ser mas justo.

Si se gana vamos a descansar. Si se gana vamos a poder pensar un poquito mas, en días posteriores, en tomarnos unas vacaciones de los diarios y los programas de TN. Ojo, sin relajarnos. Sin dejar de luchar desde el lugar que podemos, desde el lugar que sabemos hacerlo mejor, o que nos dejan, o que nos dejamos. Pero aún así, va a ser como aquel día único en el año en que el viernes es el último día por mucho tiempo. Y los músculos se relajan y la cabeza descansa, y hacemos crucigramas o leemos libros de cuentos. Y vemos películas -todas las películas que no pudimos ver porque no teníamos ganas de verlas-.

Si se gana, la musica va a sonar mejor, y la que mejor va a sonar es la de bombos y platillos. Si se gana las plazas seguro van a explotar, van a explotar de alegría y de justicia (si es que se puede explotar de justicia, claro).

Si se gana Hebe va a estar contenta. Y yo también.

Si se gana muchos periodistas saldrán a gritar y vociferar, sabiendo que desde algún lugar pequeñito nos burlamos y nos reímos de ellos, enojados y crispados. Hablarán de fraudes, hablarán de clientelismo, de patotas, de mentiras, de estafas, de peronismo, de PJ, de aparato, del conurbano y sus barones. De Kirchner y Menem, aunque no hablarán, nunca jamás, de De Narváez y Menem. De Kirchner y Duhalde, aunque no hablarán, jamás, de De Narváez y Duhalde.
Los medios seguirán hablando, muchachos. Eso no va a cambiar. Sabemos que eso no va a cambiar.

Por eso si se gana y podemos volver a sonreir un poco mas relajados, con menos preocupaciones y miedos, vamos a tener que redoblar nuestros esfuerzos. Porque en la victoria uno se relaja. En la victoria uno suele confiarse y suele pretender que los problemas están solucionados. Lejos estamos de eso. Lo sabemos.
Aunque se gane las dificultades que se vienen son enormes. Quedarán un montón de problemas por resolver, independientemente del número de legisladores, si hay que negociar o no hay que negociar, habrá enormes batallas que librar, enormes ataques que resistir.

Tenemos la suerte, la fortuna de participar de un momento único de la historia de nuestra república. Algunos creen que realmente Kirchner o el kirchnerismo no son capaces de encabezar una transformación profunda. Algunos creen, por el contrario, que sí. Lo que a veces no se advierte es que no es el kirchnerismo Néstor Kirchner, ni es el kirchnerismo Cristina Kirchner, ni es el kirchnerismo Scioli, ni tampoco lo es Nacha Guevara, ni Andrea del Boca, ni lo es Heller ni Luis D'Elía. El kirchnerismo no es eso, el kirchnerismo es el sueño de los que hoy descansan soñando eternamente. Es el símbolo del sueño y la esperanza de años, de décadas y de miles de argentinos que hace mucho no están y de tantos otros que sí, pero que nunca soñaron que ese sueño, o que la posibilidad de soñar con ese sueño, se haría realidad. Es nuestro pedacito del sueño latinoamericano de caminar todos juntos, de ser independientes, de la igualdad y de la libertad, verdadera libertad. Que los argentinos sí puedan confrontar, que haya diferencias, que haya discusiones entre los argentinos. Pero no por el color de piel o la clase social. Que no se discuta con y de los extranjeros por transpasar unas fronteras que ni con una lupa se puede ver.

Tenemos la obligación, el deber de mantener vivo ese sueño. Ese sueño, que llamamos caprichosamente kirchnerismo, es un sueño mas grande -mucho mas grande- que un nombre, un partido o incluso que una clase social. El kirchnerismo es un punto de partida y ese es el legado mayor. Claro que es el legado mayor. Y es nuestra responsabilidad mantenerlo vivo. Es nuestra responsabilidad no rifar el futuro, no jugar con el presente. Es nuestra responsabilidad hacer que el proyecto crezca y que el kirchnerismo se transforme en un movimiento popular y nacional definitivamente. Tan grande que pueda abarcar a todos y cada uno de los argentinos. Incluídos aquellos que preferirían ser aplastados por ese colectivo con aroma a choripán, con cánticos y banderas, con ruido de bombos al que habrán de subirse el día menos pensado .

Si ganamos, esto es fundamental. Es un recordatorio que me escribo a mi mismo. Porque si ganamos podemos volver a cometer el error de creer que ya esta todo bajo control. ¡No señor! Nunca, jamás, el enemigo va a descansar. Jamás. Y como el enemigo nunca va a descansar, nosotros no podemos descansar.
Esta lucha empezó para quedarse, y esa... esa es la mayor de las alegrías y la mas perdurable de las victorias.